El primer acto porteño tiene dos escuelas y la elección define la velada. La pizzería — la de Corrientes, de pie en la barra — es velocidad y ruido bueno: muzzarella de molde alto, fainá encima para el que sabe, moscato para el clásico. Es el primer acto correcto cuando el segundo tiene horario: función de las 21, milonga con clase.
La parrilla es el género contrario: liturgia lenta, sobremesa larga, la conversación como plato principal. Es el primer acto correcto cuando la noche no tiene apuro — los docks, Palermo, la noche que se decide sobre la marcha. La revista la elige además cuando hay números que fijar: el presupuesto del epílogo y la hora de retirada se firman mejor con sobremesa que con barra.
El veredicto de la casa: no compiten — se turnan. Corrientes pide pizza; los docks piden parrilla; y el porteño de ley defiende a muerte una pizzería y una parrilla concretas, nunca al género entero. Elegir bando es parte del folclore — la revista recomienda tener uno en cada categoría.



